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| Fernando Ampuero ( 1947 ) |
Sobre la pereza
Sumándose al fanatismo religioso que la considera pecado, la pereza es definida con severidad y espíritu edificante por la Real Academia Española: “Pereza. f. Negligencia, tedio o descuido a las cosas a que estamos obligados. 2. Flojedad o tardanza en las acciones o movimientos. Se dice del perezoso que es alguien que por demasiada afición a dormir se levanta de la cama tarde o con repugnancia”.
No se toma en cuenta, creo yo, la belleza de la palabra, ni lo cabal de algunas de sus derivaciones. El vocablo ‘desperezarse’, por ejemplo, describe a la perfección la elasticidad de los músculos que se estiran con languidez en tanto nuestro pensamiento flota en una leve voluptuosidad.
Más que un defecto o una enfermedad, la pereza es un simple tránsito. Yo la percibo como un estado de ánimo que, en su justa medida, enriquece la vida y, de paso, forma el carácter, si tenemos en cuenta que nos ayuda a comprender que los fracasos son tan estimables como los éxitos, ya que lo segundo sin lo primero no tendría el menor valor.

















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