Sin duda que alguien miente en el escándalo que protagonizan el gobierno federal y la empresa Multivisión (MVS); poderes público y privado que disputan la moderna versión de una mina de oro, la concesión de una poderosa banda radioeléctrica.
Tampoco hay duda que, al final de cuentas, los mortales de a pie -los ciudadanos-, nunca sabremos la verdadera historia de los dimes y diretes en que se han enfrascado el gobierno de Calderón y la familia Vargas. ¿Por qué?
Primero, porque uno que otro empresario -de grupos mediáticos-, como algunos políticos y gobernantes, gustan de faltar a la verdad.
Segundo, porque la moderna cultura “sospechosista” reclama pruebas contundentes para avalar los dichos de un gobernante o de un empresario; pruebas como un audio y/o un video que, si existieran, ya habrían saltado a las redes sociales, versión moderna de las fieras lanzadas a la arena del circo romano.
Y tercero, porque todos saben que las peleas entre el poder público y el poder empresarial son iguales a las peleas entre matrimonios. Es decir, que en pelea de dos, siempre hay tres verdades; la verdad de MVS, la verdad de Calderón y -lo más importante-, la verdad verdadera.