viernes, 6 de septiembre de 2013

Sergio Sarmiento - Ley de la selva

¿Qué futuro nos espera en un país que marcha hacia el pasado?
Epigmenio Ibarra

Ya no son advertencias para el futuro. La ley de la selva está aquí. El Estado ha perdido el monopolio del uso de la fuerza que Max Weber consideraba indispensable. Hoy cualquier grupo tiene más fuerza que un gobierno impotente.

Quizá el mayor ejemplo, el más contundente, lo encontramos en Tamaulipas. S-Mart, una pequeña cadena regional de supermercados, que ha logrado competir exitosamente contra las grandes corporaciones nacionales y extranjeras, se ha visto obligada a cerrar las puertas de sus seis tiendas en Reynosa.

Según el columnista Alberto Aguilar de El Universal, quien ha conversado con los directivos, S-Mart recibió amenazas y exigencias de extorsión. Los delincuentes pedían, entre otras cosas, que apagara todos sus sistemas de seguridad. Tras rechazar las exigencias, tres empleados fueron secuestrados.



Los captores saben que los secuestrados y sus familias son de escasos recursos. A la compañía le están exigiendo fuertes cantidades de dinero a cambio de los empleados. Pero la empresa sabe que si cumple con la exigencia, sólo motivará que otros trabajadores sean secuestrados.

Tal es siempre la lógica de secuestradores y extorsionadores.

Esta lógica no la entienden las autoridades del Distrito Federal, que siempre buscan "negociar" con grupos criminales. Ayer la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, una organización que busca mantener la propiedad privada de las plazas de la educación pública, tomó nuevamente como rehén a la Ciudad de México.

Realizó bloqueos en distintos puntos de la ciudad y en particular en los alrededores del aeropuerto.

El objetivo de la CNTE ha sido siempre el mismo que el de los extorsionadores de S-Mart: hacer tanto daño como se pueda a inocentes para que los dueños de una empresa o los políticos accedan a entregar dinero o prebendas.

Las autoridades y legisladores federales han hecho lo correcto al negarse a la extorsión. Derogar una ley que busca devolver al Estado el control de las plazas de la educación pública sería inaceptable. Si lo hicieran los políticos que actualmente ocupan los máximos peldaños del poder, más les valdría entregar sus cargos públicos a los extorsionadores para que ellos los ejerzan.

Sin embargo, ninguna autoridad, ni federal ni capitalina, ha levantado ni un dedo en defensa de los ciudadanos agredidos. El presidente Enrique Peña Nieto se encuentra en Rusia. El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, está... bueno, la verdad, es que no sé dónde está.

El jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, se limitó ayer a decir: "El costo político siempre se tiene que asumir... hay que asumirlo con toda la responsabilidad".

Una situación similar ocurrió en Colombia en los ochenta cuando los narcotraficantes y las FARC tomaron el control de partes muy importantes del país. Hubo, al igual que en México, un vacío de autoridad. Pero la naturaleza aborrece el vacío y algo o alguien surge siempre para ocuparlo.

En Colombia fueron grupos de paramilitares, "policías comunitarias", si quiere usted llamarlas con el nombre que ahora se emplea en México, que empezaron por hacer justicia por propia mano y terminaron cometiendo crímenes como todos los demás grupos armados.

El Estado debe tener el monopolio de la fuerza porque de otra manera la sociedad cae en la ley de la selva y el derecho es remplazado por la ley del más fuerte. Esperemos que nuestros gobernantes se den cuenta de lo que su parálisis está generando antes de que sea demasiado tarde.

Aeropuerto

Cruzo las filas de la policía capitalina en las afueras del aeropuerto en un angustioso intento de alcanzar un vuelo. Me sorprende el número de mujeres que hay en el contingente. Les digo que muchos capitalinos estamos orgullosos de ellos, por su valentía ante los golpes y agresiones, a pesar de que las autoridades capitalinas liberan después a los agresores con una fianza de 8 mil 900 pesos.

www.sergiosarmiento.com

Leído en http://criteriohidalgo.com/notas.asp?id=189921

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