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| Ricardo Alemán |
Como si se tratara del candidato perdedor –o como si no le importara a nadie su futuro–, en las últimas tres semanas poco o nada se ha sabido de las actividades de Enrique Peña Nieto, el candidato presidencial que obtuvo la mayor cantidad de votos y que, sin duda, será declarado presidente electo y protestará el cargo el 1 de diciembre próximo.
¿Dónde está Peña Nieto?, se preguntan analistas y estudiosos de la cosa pública, sobre todo porque –argumentan–, apremia el tiempo para que el nuevo gobierno presente de manera pública los proyectos y programas –y sean discutidos entre especialistas y de cara al público–, que impulsará el PRI una vez que arranque la nueva administración.
Y tienen razón quienes se dicen preocupados por la ausencia de Peña Nieto en el debate nacional, sobre todo si se toma en cuenta que se pierde un tiempo precioso en una guerra postelectoral que –por donde se quiera ver–, resulta absurda estéril y, sobre todo, que ofende a los ciudadanos y a todos los que votaron el pasado 1 de julio.
Más aún, en uno de los absurdos que han caracterizado a la peculiar elección presidencial mexicana, hoy se habla más de los perdedores de la derecha y de las izquierdas, que del ganador; se exploran el futuro y las "chabacanerías" de un falso demócrata –como AMLO–, y se discute si Felipe Calderón tiene o no posibilidades, derechos para convertirse en líder político del PAN, que de la viabilidad, la pertinencia y lo acertado o no de las políticas públicas, los proyectos y programas que ya debió haber presentado el próximo presidente, Enrique Peña Nieto.