| Rolando Cordera Campos |
Hace unos años, los jóvenes turcos de la revolución capitalista postulaban la necesidad de
volver a lo básico. Pronto pudimos enterarnos de que esa vuelta habría de consistir en una búsqueda del arca perdida del mercado perfecto. Una utopía destructiva, como la estudiada décadas atrás por Karl Polanyi en su Gran transformación.
A pesar de sus efectos nocivos, cuando no desastrosos, la mata neoliberal ha seguido dando, y ahora se nos ofrece ir más a fondo, para hacer las
reformas que tanto necesitamosen el mundo del trabajo, la energía y la fiscalidad. No obstante que el cambio estructural de fin de siglo les hizo a los revolucionarios buena parte de la tarea y redujo a su mínima expresión al sindicalismo, la generación estatal de energía y hasta la exploración y explotación del petróleo realizada por Pemex, la insistencia es necia y los epígonos de aquel neoliberalismo enjundioso hoy regañan a diestra y siniestra, emplazan a futuros estrellas del nuevo gobierno a concretar las alianzas para reformar ya y, a la vez, aconsejan esperar a que se reforme la Constitución para emprender el asalto al cielo de la privatización final que a todos nos hará libres.























