A la tragedia por las lluvias, la desgracia por que el crimen organizado no da tregua. No es nuevo: la violencia continúa a la alza, en un repunte innegable y dramático. Tampoco hay estrategia que la combata. La criminalidad asola al país, y para ella siempre es temporada alta.
Las cifras apabullan. Homicidios en espiral ascendente. Secuestros imparables. Masacres familiares. Ejecuciones. Decapitados de regreso. Feminicidios un día sí y otro también. La muerte manda.
Y no es percepción. Allí están los números y los hechos:






























