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| Jean Meyer |
Hoy los venezolanos votan y nadie ha podido decir, con certeza, cuál será el resultado del voto, si el “comandante” o “coronel” se queda seis años más o si cede su lugar al joven opositor Enrique Capriles, que ha creado sorpresa al inquietar al líder bolivariano, cuyo control de todo el aparato de Estado debería garantizarle la victoria. ¿Democráticamente?, ¿sin trampas? ¡Quién sabe! Tampoco se sabe si aceptaría una derrota. Y, finalmente, suponiendo que gane el gobernador de Miranda, que Chávez llama “el chico”, ¿tendría la posibilidad de gobernar, cuando el chavismo lo tiene todo?
Chávez no aceptó debatir con él y declaró: “¿Quién va a debatir contigo, muchacho? Anda a aprender a hablar primero ¡Métete en la misión Robinson! (programa de alfabetización oficial). Chico, tú eres un analfabeta político, majuche. ¿Qué vas a debatir tú con Chávez, chico?”. Eso es lo de menos; le ha dicho cosas peores, como que es un agente sionista, incluso “nazi-sionista”, un “puerco” y demás. Todo esto porque la madre del “chico” es una mujer, católica, católica pero (¡qué feo se siente escribir “pero”!) de origen judío.